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Bienestar
19/2/2026

El cambio de luz que transforma nuestros espacios y afecta la salud mental

La iluminación moderna que está alterando nuestro descanso.

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Bienestar
19/2/2026

El cambio de luz que transforma nuestros espacios y afecta la salud mental

La iluminación moderna que está alterando nuestro descanso.

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Durante décadas, las ciudades se iluminaron con luces cálidas, tonos ámbar que acompañaban la noche y sugerían pausa. Hoy, ese paisaje cambió. Las luces blancas y azuladas dominan calles, oficinas, hospitales, escuelas y transporte público, asociadas con eficiencia, limpieza y modernidad.

Una estética que redefine el ánimo colectivo

En los últimos años, se instaló la sensación de que el mundo luce más frío y menos cercano. No resulta casual que Pantone eligiera el blanco como color del año 2026, una señal clara de una estética que privilegia lo pulcro, lo neutro y lo impersonal. La luz fría se convirtió en sinónimo de orden y estética contemporánea, mientras la luz cálida quedó relegada a un recuerdo doméstico.

El hogar frente a la productividad

La iluminación cálida siempre evocó hogar, fuego, velas y descanso. Hoy, ese tipo de luz se percibe como antigua o innecesaria frente a un entorno que exige atención constante. El mensaje implícito del espacio público resulta contundente: aquí no se descansa, aquí se produce.

Lo que ocurre en el cuerpo y la mente

Este cambio no es solo visual. La luz blanca o azulada mantiene al cerebro en estado de alerta, reduce la producción de melatonina (la hormona que regula el sueño) y altera los ritmos naturales del cuerpo. El resultado se refleja en dificultades para dormir, cansancio persistente e irritabilidad, incluso cuando la noche ya llegó.

Ciudades que no apagan

Bajo una iluminación que nunca descansa, las calles se sienten más duras y menos humanas. La ausencia de sombras y tonos cálidos elimina la sensación de refugio nocturno y diluye los límites entre día y noche. Poco a poco, se pierde la capacidad de pausar, bajar el ritmo y reconectar con uno mismo.

Volver a mirar la luz

Repensar cómo iluminamos nuestros espacios también implica repensar cómo vivimos. La luz no solo permite ver: moldea el ánimo, el descanso y la forma en que habitamos el mundo. Recuperar la calidez puede ser un primer paso para devolverle humanidad a nuestras noches.

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