Hablar de la gastronomía de Hidalgo también significa hablar de las bebidas que durante generaciones han acompañado sus celebraciones, reuniones y tradiciones. Algunas nacieron en las regiones magueyeras, otras aprovechan los frutos de sus bosques y algunas más guardan detrás de su preparación historias que se han transmitido de generación en generación.

Pulque, una tradición que se mantiene viva
El pulque es probablemente una de las bebidas más representativas de Hidalgo y una de las que conserva una relación más estrecha con la historia del estado. Su origen se encuentra en las regiones magueyeras de los Llanos de Apan, donde también nació la tradición de preparar curados con frutas, nueces, almendras y piñones.
Aunque su consumo ha disminuido con el paso del tiempo, todavía es posible encontrarlo en antiguas haciendas y establecimientos de municipios como Zempoala y Singuilucan, además de restaurantes de comida regional. Los curados permiten descubrirlo en diferentes versiones, con sabores como guayaba, piñón, apio y jitomate.

Acachul, el sabor de los bosques
En Acaxochitlán, una de las bebidas tradicionales aprovecha precisamente los frutos que crecen en la región. El acachul se elabora a partir de una base de jugo de manzana fermentado a la que posteriormente se incorporan frutas naturales y azúcar.
El fruto que le da nombre es pequeño, parecido al capulín, y crece en las zonas boscosas y frías del municipio. Además del acachul, también se producen vinos de mesa de manzana, membrillo, capulín, zarzamora y perón, convirtiendo a las frutas de la región en protagonistas de una tradición que también forma parte de su actividad económica.

La Tachuela, el secreto de Mineral del Chico
En Mineral del Chico existe una bebida cuya historia resulta tan peculiar como su preparación. La Tachuela es una bebida tradicional elaborada con hierbas silvestres y frutas, aunque la receta exacta se mantiene como un secreto entre quienes la preparan.
Su fama también está relacionada con una curiosa propiedad que se le atribuye: ayudar a combatir los efectos de la resaca y no dejar aliento alcohólico. Se sirve tradicionalmente en un pequeño caballito tequilero acompañado de una galleta María.
Su nombre también tiene una historia ligada a la actividad minera. La forma del vaso y la bebida recuerdan a los clavos que los mineros colocaban en las suelas de sus zapatos para evitar resbalar dentro de las minas.

Carnavalito y Requintada
Entre las bebidas que forman parte de las costumbres populares de Hidalgo también aparece el Carnavalito, preparado con tequila, jugo de naranja y canela. Su combinación dulce y cítrica lo ha convertido en una bebida especialmente popular en el estado.
Por otro lado, en Atotonilco encontramos la Requintada, una bebida de color verde elaborada con ajenjo, anís, menta y aguardiente. Su sabor y preparación la convierten en otro ejemplo de cómo las comunidades hidalguenses han creado bebidas a partir de los ingredientes disponibles en su entorno.
Más allá de su sabor, cada una de estas bebidas cuenta una parte de la historia de Hidalgo. Entre fermentos, frutas, hierbas y aguardientes, estas bebidas se han convertido en parte de la identidad hidalguense y permiten conocer el estado desde otra perspectiva.




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