A sus 10 años, David Camacho Flores ha despertado la atención dentro y fuera de México por una combinación poco común de habilidades académicas, curiosidad y ambición. Originario de Querétaro, el menor posee un coeficiente intelectual de 162, una cifra que suele compararse con la atribuida a figuras como Albert Einstein o Stephen Hawking. Sin embargo, él prefiere mantenerse alejado de esas comparaciones y rechaza que lo llamen "niño genio".
Para David, un genio no es quien obtiene un resultado sobresaliente en una prueba de inteligencia, sino quien deja una huella a través de sus aportaciones. "Los genios hicieron cosas geniales", ha explicado en diversas entrevistas, convencido de que todavía tiene toda una vida por delante para demostrar de lo que es capaz.
Su historia, además de reflejar el potencial de las infancias con altas capacidades, también pone sobre la mesa los desafíos que enfrentan muchos niños superdotados para ser identificados, comprendidos y recibir el apoyo adecuado.

Inspirado por Leonardo da Vinci
Aunque no se siente cómodo con el calificativo de genio, David sí tiene un referente al que admira profundamente: Leonardo da Vinci.
Desde el jardín de niños comenzó a interesarse por la figura del artista e inventor renacentista gracias a una de sus maestras, quien le habló de su capacidad para desarrollarse en disciplinas tan diversas como la ciencia, el arte, la ingeniería, las matemáticas y las humanidades.
Esa visión multidisciplinaria lo marcó desde pequeño y dio origen al nombre con el que hoy se presenta en redes sociales: "David da Vinci".
Más que especializarse en un solo campo, el niño asegura que le gustaría combinar diferentes áreas del conocimiento para desarrollar proyectos que beneficien a la sociedad.
Un aprendizaje fuera de lo común
Las primeras señales de que David aprendía de manera diferente aparecieron cuando era muy pequeño. Su madre, Claudia Flores, recuerda que desde temprana edad mostraba una memoria poco habitual y una gran facilidad para comprender conceptos nuevos.
Durante la pandemia de COVID-19, mientras lo acompañaba en sus clases virtuales, notó que terminaba los ejercicios mucho antes que el resto de sus compañeros y comenzaba a aburrirse porque necesitaba nuevos retos.
Fue entonces cuando la familia decidió acudir con especialistas para evaluar sus capacidades.
Tras diversas pruebas, David fue identificado como un niño con altas capacidades intelectuales, un diagnóstico que permitió adaptar mejor su proceso educativo y ofrecerle herramientas acordes con su ritmo de aprendizaje.
Actualmente estudia mediante un programa internacional en línea que le permitirá acceder antes a estudios universitarios y continúa ampliando sus conocimientos en distintas áreas.

Un interés por la ciencia, el espacio y los idiomas
Entre las múltiples pasiones de David destaca la exploración espacial.
El menor tuvo la oportunidad de participar en un programa de entrenamiento organizado en las instalaciones de la NASA en Houston, Estados Unidos, donde realizó simulaciones de vuelo, actividades relacionadas con la exploración espacial y ejercicios de gravedad reducida.
La experiencia fortaleció su interés por la ciencia y la tecnología.
David incluso afirma que uno de sus grandes sueños es realizar la primera cirugía en el espacio, desarrollar empresas tecnológicas o impulsar proyectos de innovación que integren ciencia, ingeniería, negocios y humanidades.
Su curiosidad también se refleja en el aprendizaje de idiomas. Además del español, estudia inglés, francés y alemán, mientras comienza a familiarizarse con el ruso, el portugués y el italiano.
Tecnología para ayudar a otros niños
Más allá de los reconocimientos, David asegura que desea utilizar sus conocimientos para resolver problemas reales.
Uno de sus proyectos más importantes es Macayos, una aplicación que incorpora inteligencia artificial para ayudar a niñas y niños a desarrollar habilidades relacionadas con la gestión de emociones mediante actividades interactivas.
La idea nació a partir de una experiencia personal.
Durante una etapa de su vida escolar sufrió acoso por parte de algunos compañeros, quienes no comprendían por qué aprendía con tanta rapidez o mostraba intereses distintos a los del resto del grupo.
En lugar de quedarse con esa experiencia negativa, decidió convertirla en una herramienta para apoyar a otros niños que enfrentan situaciones similares.

"Seguimos siendo niños"
A pesar de su facilidad para aprender, David insiste en que tener altas capacidades intelectuales no significa conocer todas las respuestas.
Explica que muchas personas esperan que pueda resolver cualquier problema o responder preguntas complejas de inmediato, cuando en realidad también necesita aprender, equivocarse y desarrollar nuevas habilidades como cualquier otro estudiante.
Además, reconoce que, aunque suele convivir con adultos debido a sus intereses, disfruta actividades propias de su edad, como jugar con bloques, salir al parque o pasar tiempo con su familia.
Su mensaje busca romper estereotipos sobre los niños superdotados.
"No somos extraterrestres; tenemos altas capacidades, pero seguimos siendo niños", ha señalado.
Un reto para la educación
La historia de David también pone de relieve una realidad que especialistas y organizaciones dedicadas al estudio de las altas capacidades han señalado durante años.
En México se estima que existe un importante número de niñas y niños con sobredotación intelectual que nunca reciben un diagnóstico adecuado. En muchos casos, sus características pueden confundirse con trastornos como el déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o incluso con otros trastornos del desarrollo, retrasando el acceso a estrategias educativas acordes con sus necesidades.
De acuerdo con el Centro de Atención al Talento (CEDAT), una persona con altas capacidades intelectuales presenta un coeficiente intelectual superior a 130 puntos, aunque identificar esta condición requiere una evaluación integral realizada por especialistas y no únicamente una prueba de inteligencia.
Los expertos destacan que una detección oportuna permite ofrecer estímulos adecuados para que estos estudiantes desarrollen su potencial sin afectar su bienestar emocional o su integración social.
Un futuro lleno de posibilidades
Mientras continúa preparándose académicamente, David mantiene los pies en la tierra. Lejos de obsesionarse con los récords o las comparaciones, prefiere concentrarse en aprender, experimentar y desarrollar proyectos que puedan tener un impacto positivo.
Su historia demuestra que el talento puede manifestarse desde edades tempranas, pero también que necesita acompañamiento, oportunidades y comprensión para florecer.
Con apenas diez años, David Camacho ya ha comenzado a construir un camino poco común. Sin embargo, como él mismo asegura, su mayor objetivo no es ser recordado por un número o un diagnóstico, sino por las ideas, innovaciones y aportaciones que algún día logre ofrecer al mundo.


.png)


.png)
