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¿Qué ver y qué escuchar?
25/2/2026

Anežka Kašpárková: la mujer que convirtió su pueblo en un jardín pintado a mano

Una pared, miles de flores: el pueblo checo que se convirtió en obra de arte permanente.

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Anežka Kašpárková: la mujer que convirtió su pueblo en un jardín pintado a mano

Una pared, miles de flores: el pueblo checo que se convirtió en obra de arte permanente.

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En el pequeño pueblo de Louka, en la República Checa, las calles blancas salpicadas por delicados dibujos florales se han convertido en un símbolo de identidad artística y comunitaria que trasciende generaciones. Esta transformación comenzó hace más de medio siglo gracias a la labor incansable de Anežka Kašpárková, una agricultora que dedicó gran parte de su vida a embellecer su localidad con flores pintadas en tono azul ultramar.

Desde los 40 años, Anežka —conocida por los vecinos como “malérečka”, término que hace referencia a una mujer que decora con motivos folclóricos— empezó a adornar fachadas, muros y el campanario de la capilla del pueblo con intrincados diseños florales. Su trabajo, que combinaba tradición y creatividad, tenía un impacto estético y emocional profundo en una comunidad marcada entonces por un contexto histórico complejo bajo la influencia de la Unión Soviética.

Con el paso de los años, las casas blancas de Louka, que originalmente se mantenían así para ocultar el hollín acumulado por la falta de chimeneas, pasaron a ser un vibrante lienzo al aire libre. Las flores azules aplicadas por Anežka se convirtieron no solo en decoración, sino en una expresión del folclore de la región de Moravia, un reflejo del arte popular que ella transformó en legado visual.

Anežka no buscaba remuneración por su labor: solo aceptaba la pintura necesaria para continuar su obra. Su enfoque espontáneo y su capacidad para dejar que la mano guiara el diseño hicieron que cada patrón fuera único, imaginado y ejecutado sin esquemas previos. Incluso ya entrada en años, subía a los andamios para seguir embelleciendo las superficies hasta pocos días antes de su muerte, a los 90 años, en 2018.

Un legado que sigue floreciendo

Tras el fallecimiento de Anežka, su sobrina Marie Jagošová tomó el relevo de la tradición. Cada año, Marie continúa pintando la capilla y el campanario para las celebraciones locales, en especial las primeras comuniones de los niños del pueblo, lo que aseguraque este singular estilo artístico siga vivo.

Hoy, las fachadas floridas siguen siendo una carta de presentación de Louka, un lugar donde el arte y la vida cotidiana se entrelazan gracias a la visión de una mujer que transformó su comunidad. Las flores azules sobre muros blancos no solo embellecen, sino que también cuentan una historia de amor por el arte, la tradición y la pertenencia.

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