En el corazón de la Ciudad de México, frente al Zócalo capitalino, el restaurante Balcón del Zócalo presenta una experiencia gastronómica que va más allá del lujo culinario. Bajo la dirección creativa del chef Pepe Salinas, el nuevo menú degustación “Hecho en México” propone un recorrido por la identidad, la historia y las contradicciones del país, transformando cada plato en un acto narrativo.
Más que una comida, el menú funciona como un ensayo comestible que invita a reflexionar sobre la cultura mexicana. Cada tiempo cuenta una historia distinta: desde la conquista y la migración hasta el orgullo nacional, el humor político y la memoria colectiva.
Una narrativa culinaria en once tiempos
El recorrido inicia con “La Disculpa Histórica”, un plato que ironiza sobre el pasado colonial de México. La propuesta presenta pata de res cocinada a baja temperatura con achiote y vinagre de jitomate, servida sobre una tostada acompañada de ceniza de cebolla y encurtidos. El plato llega sobre una servilleta impresa con el Tratado de Santa María Calatrava, documento en el que España reconoció la soberanía mexicana en 1836, convirtiendo la degustación en una reflexión histórica servida en mesa.
El segundo tiempo, “La Ceremonia del Taco”, rinde homenaje al alimento más democrático del país. Tortillas hechas a mano con maíces nativos se acompañan con distintas salsas tradicionales, invitando a los comensales a armar su propio taco como si se tratara de un ritual contemporáneo.
Con “Un País Pobre Muy Rico”, la cocina se vuelve filosofía. El plato presenta una sopa de frijol vaquita de Morelos con chambarete de res y alitas de pollo, infusionada con hoja de aguacate, epazote y cilantro. La preparación se sirve sobre un puré del mismo frijol enriquecido con miso de vainilla, una metáfora culinaria de cómo la escasez puede transformarse en abundancia.
La experiencia continúa con “Pal Otro Lado”, una reinterpretación de la cocina fronteriza inspirada en el Río Bravo y en la migración. Aquí, los tradicionales nachos se reinventan con abulón y langosta de Baja California, acompañados de cítricos y notas umami que transforman un antojo popular en una narrativa sobre supervivencia y reinvención.
Identidad, territorio y mito en el plato
El menú también juega con el imaginario nacional. “Tlaxcala Sí Existe” convierte el famoso meme mexicano en un acto gastronómico. El plato consiste en un tamal de frijol, guajolote y hongos silvestres bañado en mole rojo, servido sobre un torso dorado escultórico que invita a los comensales a “morder lo salvaje que llevan dentro”.
Más adelante aparece “El Ombligo de la Luna”, un homenaje al mito fundacional de Tenochtitlán. La preparación presenta trucha sustentable de Michoacán en una leche de tigre de nopal y tuna, acompañada de puré de rosquilla y delicadas láminas de papel de arroz, evocando el lago sobre el que alguna vez se levantó la antigua ciudad mexica.
La propuesta alcanza un tono de manifiesto con “Mexico is the Dish”, creado en colaboración con la marca de diseño Mexico Is the Shit. El plato presenta cerdo cocinado durante 24 horas sobre mole negro oaxaqueño, acompañado de plátano y pan frito, como una declaración audaz de orgullo cultural.

Humor, política y provocación
El menú también incorpora comentarios políticos. “Sorbete Endémico” rompe la cuarta pared al presentarse directamente en la cocina. Los invitados reciben una caja con ingredientes endémicos de México y escuchan una advertencia: “Tomen una foto, por si mañana llegan con aranceles y ya no los pueden comprar”. El sorbete funciona así como limpiador de paladar y comentario político al mismo tiempo.
Uno de los momentos más irreverentes llega con “Orange Trump”, un postre que parece una naranja veracruzana común, pero que al cortarla “sangra” jamaica. La propuesta mezcla dulzura, sátira y crítica al poder, demostrando que la gastronomía también puede ser un espacio de comentario social.
El final: México en un bocado
El cierre del recorrido llega con “El Mole de Mi Vida”, un mole de avellana al estilo Amalia enriquecido con xoconostle de Hidalgo, guayaba y plátano, un plato emocional que resume la complejidad de la cocina mexicana. Finalmente, “Hecho en México” despide a los comensales con un trío de petit fours: macarrón de cocada, bombón de guayaba y marranito de piloncillo, celebrando la tradición repostera del país.
Una experiencia que cuestiona y celebra
El menú degustación de Balcón del Zócalo no busca únicamente impresionar con técnica o ingredientes de lujo. Su intención es provocar conversación, cuestionar narrativas históricas y celebrar la creatividad mexicana.
Como explica el chef Pepe Salinas, la idea era clara: crear un menú que no solo supiera a México, sino que pensara como México: complejo, contradictorio y profundamente creativo.
En esta propuesta, la gastronomía se convierte en memoria, identidad y diálogo, recordando que en México la comida nunca es solo comida: es historia, cultura y emoción servida en cada plato.






