La primavera en la Ciudad de México tiene un protagonista indiscutible: el Festival de Flores y Jardines. En su edición 2026, el evento regresó con fuerza para convertir a Polanco en un gran jardín urbano, donde el arte floral, el diseño y la arquitectura dialogan en cada rincón.
Desde el 30 de abril y hasta el 3 de mayo, calles emblemáticas como Avenida Presidente Masaryk, Polanquito y zonas aledañas se transformaron en un recorrido peatonal lleno de color, aromas y creatividad.
Lo que distingue a este festival no es solo su estética, sino su capacidad para intervenir el espacio público y resignificarlo: por unos días, la ciudad deja de ser rutina para convertirse en experiencia.

Fachadas que florecen: el corazón del festival
Uno de los mayores atractivos del FYJA es “Polanco en Flores”, una iniciativa en la que tiendas, restaurantes y boutiques participan interviniendo sus fachadas con impresionantes montajes florales.
Cada instalación responde a un concepto distinto, lo que convierte el recorrido en una especie de galería efímera al aire libre. Desde composiciones minimalistas hasta estructuras monumentales cargadas de color, cada propuesta invita a detenerse, observar y fotografiar.
En esta edición, el eje temático gira en torno a “El jardín mexicano”, una propuesta que busca reinterpretar la relación entre naturaleza, cultura y comunidad a través del diseño contemporáneo.
El resultado es un mosaico visual donde conviven tradición botánica, innovación estética y creatividad urbana.
Más que flores: una experiencia sensorial completa
Aunque las fachadas suelen robarse las miradas, el festival va mucho más allá. Durante estos cuatro días, Polanco se convierte en un circuito que incluye jardines efímeros, arcos florales monumentales, esculturas y espacios interactivos.
Puntos clave como Parque América y Parque Lincoln albergan algunas de las instalaciones más ambiciosas, diseñadas por paisajistas, arquitectos y artistas florales.
Estos espacios permiten experimentar el festival de una manera distinta: no solo como espectadores, sino como parte del entorno. Caminar entre estructuras florales, descubrir texturas y percibir aromas convierte el recorrido en una experiencia inmersiva.
Además, el festival mantiene su carácter accesible: todas las actividades principales son gratuitas, lo que lo convierte en uno de los eventos culturales más inclusivos de la temporada.

Un evento que conecta diseño, ciudad y comunidad
Desde su creación en 2017, el Festival de Flores y Jardines ha tenido un objetivo claro: acercar la naturaleza al entorno urbano y generar conciencia sobre la importancia del paisaje y la biodiversidad.
A lo largo de sus ediciones, ha logrado consolidarse como un referente cultural en la capital mexicana, atrayendo tanto a visitantes locales como internacionales. Para 2026, se estima una asistencia de cientos de miles de personas, confirmando su impacto dentro del calendario cultural.
Más allá de lo visual, el festival también funciona como plataforma para creativos, estudiantes y profesionales del diseño, quienes encuentran aquí un espacio para experimentar y mostrar nuevas propuestas.
Polanco, escenario de creatividad efímera
Durante el FYJA, Polanco se transforma por completo. Lo cotidiano —una tienda, un restaurante, una esquina— adquiere un nuevo significado al convertirse en parte de una intervención artística.
Esta transformación temporal es, en sí misma, parte del encanto del festival: saber que cada montaje es efímero lo vuelve aún más especial. Lo que hoy es un túnel floral o una escultura vibrante, mañana desaparecerá, dejando solo el recuerdo (y muchas fotografías).
Esa fugacidad también invita a recorrer la ciudad con otra mirada: más atenta, más curiosa, más abierta a descubrir detalles que normalmente pasarían desapercibidos.

¿Cuál fue tu montaje favorito?
El Festival FYJA 2026 no solo se vive, también se comparte. Redes sociales se llenaron de imágenes, videos y recorridos que capturan la esencia del evento: una ciudad que florece y se reinventa.
Cada visitante construye su propia experiencia, eligiendo sus fachadas favoritas, descubriendo rincones inesperados o simplemente dejándose llevar por el recorrido.
Porque al final, más allá de los diseños y las flores, el festival propone algo más simple —y más poderoso—: volver a mirar la ciudad con asombro.


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