Si creías que las nubes eran tu mejor filtro solar… tenemos que hablar. Aunque el cielo amanezca gris, tu piel sigue recibiendo un bombardeo invisible de rayos UV que no se detienen por ningún clima, horario o estado de ánimo. Y sí: siguen causando daño.
La verdad incómoda: las nubes NO bloquean los rayos UV
Las nubes pueden esconder el sol, pero no frenan lo que realmente importa:
- Hasta el 80% de los rayos UVA atraviesan sin problema.
- Estos son los responsables del fotoenvejecimiento, arrugas prematuras y manchas que aparecen “de la nada”.
- Pero también pasan UVB, los que provocan quemaduras… incluso cuando no hace calor.
En resumen: solo porque no lo ves, no significa que no te esté afectando.
¿Por qué los UVA son tan peligrosos?
Porque son sigilosos. No arden, no calientan la piel, no avisan.
Van directo a las capas profundas y ahí empiezan sus “travesuras”:
- Rompen colágeno.
- Pigmentan la piel.
- Provocan melasma.
- Aumentan el riesgo de cáncer de piel.
Son como los villanos silenciosos del skincare.

Entonces… ¿el bloqueador es opcional?
Nunca.
El protector solar es tu guardaespaldas personal. Da igual si estás de paseo, manejando, dentro de la oficina o “solo salí por un café”.
La exposición acumulada es la que más daño hace.
Regla de oro que las revistas aman repetir:
Aplícalo cada mañana, reaplica cada 3 horas y elige uno de amplio espectro (UVA/UVB). Tu piel del futuro te lo agradecerá.
El plus que pocos cuentan
Usar bloqueador diario hace que cualquier otro producto, vitamina C, retinol, hidratantes, realmente funcione.
Sin protección, tus sueros trabajan doble y tú gastas más sin ver resultados.
Incluso bajo las nubes, el sol sigue ahí, actuando silenciosamente sobre tu piel. Un día nublado NO significa un día sin protección.
La clave está en convertir el bloqueador en un ritual, no en una opción. Tu piel no sabe si hace frío, calor o si está lloviendo… pero sí sabe cuando está protegida.






