La nueva adaptación de Frankenstein dirigida por Guillermo del Toro no solo destaca por su elenco —con Oscar Isaac, Jacob Elordi y Mia Goth— sino por la fuerza visual que aportan sus locaciones. Entre mansiones señoriales, calles históricas y paisajes helados, la película construye un universo gótico y melancólico que eleva la historia de Mary Shelley a una dimensión casi operística. Estas son las locaciones clave que dieron forma a su atmósfera.
Escocia: mansiones imponentes y calles cargadas de historia
Gran parte de la esencia gótica de la película nace en Escocia. Allí, la producción utilizó la majestuosa Gosford House, cuyos salones, escaleras y galerías funcionan como una extensión del linaje de los Frankenstein. La opulencia desgastada del lugar aporta un aire de decadencia aristocrática ideal para el tono que Del Toro buscaba.
Otra propiedad escocesa, Dunecht House, sirvió para escenas interiores de gran dramatismo. Su arquitectura señorial y su iluminación natural hacen que cada espacio parezca cargado de secretos familiares. En contraste, las secuencias rodadas en la Royal Mile de Edimburgo y otras calles del casco antiguo ofrecen un entorno urbano sombrío, irregular y lleno de texturas que ayudan a situar a la historia en un mundo donde la ciencia convive con lo oculto.

Inglaterra: elegancia aristocrática y salones llenos de simbolismo
La producción también viajó a Inglaterra en busca de espacios capaces de representar el lujo, el conocimiento y las obsesiones científicas de la época. Uno de los escenarios más icónicos es Wilton House, en Wiltshire, famosa por sus salones fastuosos y habitaciones como la Double Cube Room, que por sí misma parece diseñada para un drama barroco.
Otra residencia clave es Burghley House, con interiores llenos de ornamentos, pinturas, molduras y detalles que refuerzan el espíritu de una aristocracia intelectual, refinada y, a la vez, profundamente inquietante. La combinación de estos palacios crea una estética de esplendor oscuro muy alineada con el universo del director.
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Canadá: paisajes extremos y el dramatismo del hielo
Las escenas más inhóspitas y desoladoras se filmaron en Canadá, donde se recreó uno de los pasajes visualmente más potentes de la historia: un barco atrapado entre el hielo. En los estudios y sets construidos en Port Lands, Toronto, el equipo levantó la estructura completa de la embarcación, rodeada por un paisaje helado que transmite peligro, aislamiento y tragedia.
Este entorno contrasta de manera intensa con las locaciones europeas. Aquí no hay salones dorados ni mansiones centenarias: solo frío, viento y un silencio brutal que amplifica la tensión entre el creador y su criatura.

Una visión estética cuidadosamente construida
Guillermo del Toro buscó combinar locaciones reales con sets elaborados para lograr una película que se sintiera tanto antigua como moderna. Su intención era crear un relato visual “exquisito, bello y operístico”, apoyado en texturas auténticas y escenarios que tuvieran vida propia. La mezcla de mansiones históricas, ciudades medievales y paisajes árticos logra un equilibrio perfecto entre la elegancia narrativa y el horror emocional.






