Detrás de cada carretera hay historias que pocas veces aparecen en los informes de gobierno. La de una madre que necesita llevar a sus hijos a la escuela, la de un comerciante que depende de un camino para transportar sus productos o la de una familia que espera contar con los servicios básicos para vivir con tranquilidad.
Estas realidades permiten comprender la dimensión social de la infraestructura pública y el alcance de la responsabilidad que ha asumido Alejandro Sánchez García al frente de la Secretaría de Infraestructura Pública y Desarrollo Urbano Sostenible (SIPDUS).
Durante su comparecencia ante el Congreso del Estado de Hidalgo, el secretario presentó los resultados de cuatro años de trabajo de la administración encabezada por el gobernador Julio Menchaca Salazar, periodo en el que se han destinado más de 25 mil millones de pesos a infraestructura pública.
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Sin embargo, detrás de las cifras también existe una labor constante de planeación, coordinación y atención a necesidades que no siempre se reflejan en los informes. Desde su responsabilidad al frente de la SIPDUS, Sánchez García ha participado en la ejecución de proyectos que buscan responder a las distintas realidades del estado, atender rezagos históricos y mejorar las condiciones de vida de las familias.
Porque la infraestructura no comienza con una máquina ni termina con la inauguración de una obra. Su verdadero sentido está en las personas que la necesitan.
La infraestructura comienza donde existe una necesidad
Para una familia que vive en una comunidad rural, contar con un camino transitable significa mucho más que mejorar la movilidad. Puede facilitar el traslado a la escuela, permitir que una persona enferma llegue a recibir atención médica o ayudar a que los productos de un pequeño negocio alcancen otros mercados.
Con ese propósito, la SIPDUS reportó la rehabilitación de 550 kilómetros de carreteras en 68 municipios, además de la construcción y modernización de 269 kilómetros de calles y vialidades urbanas en 71 municipios.

Detrás de estas intervenciones hay una tarea que va más allá de la construcción: identificar las necesidades de cada región, coordinar los recursos disponibles y procurar que las obras respondan a las condiciones de las comunidades.
Un ejemplo es el programa Construye tu Camino, mediante el cual se han impulsado 41 proyectos para mejorar la conectividad local. Estas acciones buscan facilitar el acceso a localidades rurales y acercar a sus habitantes a servicios y oportunidades que inciden directamente en su vida cotidiana.
Así, la infraestructura también se convierte en una herramienta para reducir distancias, fortalecer los vínculos entre comunidades y contribuir a que el desarrollo alcance distintos puntos de Hidalgo.
El agua y la dignidad de la vida cotidiana
Hay necesidades que no admiten grandes discursos. El agua es una de ellas.
Para quienes enfrentan problemas de abastecimiento, abrir la llave y disponer del líquido suficiente representa una diferencia importante en su jornada. Por eso, las obras hidráulicas tienen un impacto que va más allá de lo técnico: se relacionan directamente con la salud, la tranquilidad y las actividades diarias de las familias.
En este rubro, durante la comparecencia se reportó una inversión de 5 mil 239 millones de pesos en infraestructura hídrica en 68 municipios. Entre las acciones destacan la puesta en marcha de nueve pozos, así como la construcción y rehabilitación de 37 plantas de tratamiento, además de trabajos en tuberías y sistemas de abastecimiento.
A estos esfuerzos se suma una inversión de 540 millones de pesos para modernizar seis drenes y tres colectores pluviales del área metropolitana, con el objetivo de mejorar el desalojo del agua durante las lluvias.
Estas obras muestran cómo las decisiones de infraestructura pueden repercutir en la vida cotidiana: detrás de un pozo, una tubería o un sistema de drenaje hay hogares que necesitan servicios confiables y espacios más seguros.

Reconstruir también significa acompañar a las comunidades
La vaguada monzónica de 2025 representó uno de los desafíos más complejos para Hidalgo. Las lluvias dejaron 236 comunidades incomunicadas y afectaron caminos y vías de acceso indispensables para la movilidad de numerosas familias.
Ante la emergencia, la SIPDUS participó en los trabajos de atención y reconstrucción mediante la coordinación con las autoridades estatales y federales. De acuerdo con los datos presentados durante la comparecencia, se destinaron 10 mil 238 millones de pesos de recursos federales y estatales para atender las consecuencias de las lluvias, de los cuales más de 8 mil millones corresponden a infraestructura y el resto a apoyos sociales.
Los trabajos comprenden la recuperación de caminos, puentes y accesos fundamentales para las localidades afectadas, dentro de una estrategia que continúa en distintas etapas de ejecución.
En circunstancias como estas, la infraestructura adquiere un significado especialmente humano. Restablecer una vía de comunicación no consiste únicamente en reparar una superficie dañada; también implica facilitar que una comunidad recupere el acceso a hospitales, escuelas, centros de abasto y familiares.
La reconstrucción continúa y todavía hay proyectos pendientes. Por ello, el seguimiento de las obras y la atención a las comunidades afectadas serán fundamentales para que la recuperación se traduzca en soluciones duraderas.

Una gestión que también se refleja en los hogares
El alcance de la infraestructura pública no se limita a las grandes carreteras ni a las avenidas de las ciudades. También se encuentra en los espacios donde transcurre la vida familiar y en las oportunidades que pueden construirse desde las propias comunidades.
La SIPDUS reportó mil 842 obras y acciones de vivienda en beneficio de aproximadamente 7 mil personas, así como la construcción de 20 corredores artesanales en 18 municipios.
Estas iniciativas buscan contribuir a mejorar las condiciones habitacionales y, al mismo tiempo, fortalecer las actividades económicas locales y abrir espacios para la promoción de las tradiciones de Hidalgo.
Para Alejandro Sánchez García, al frente de la dependencia, estos proyectos forman parte de una agenda que combina infraestructura urbana, conectividad rural y atención a necesidades esenciales.
El reto está en responder a un territorio diverso, con demandas distintas entre la zona metropolitana de Pachuca, las comunidades de la Sierra y las localidades de la Huasteca. Cada región presenta condiciones particulares que requieren planeación, coordinación institucional y soluciones acordes con su realidad.
Una agenda estatal con alcance social

La administración encabezada por el gobernador Julio Menchaca Salazar ha destinado recursos a proyectos de infraestructura en distintas regiones del estado, con la SIPDUS como una de las dependencias responsables de convertir esas inversiones en obras concretas.
En este contexto, Alejandro Sánchez García desempeña una función central en la coordinación técnica y operativa de las intervenciones. La modernización de vialidades, las obras hidráulicas, los caminos rurales y los proyectos de reconstrucción forman parte de una estrategia cuyo alcance debe observarse tanto en los montos invertidos como en los servicios y oportunidades que pueden generar para la población.
La comparecencia ante el Congreso permitió conocer los resultados presentados por la dependencia, pero también puso de manifiesto los desafíos que permanecen: concluir proyectos, conservar las obras realizadas, atender los problemas de suministro de agua y mantener una comunicación cercana con las comunidades durante los procesos de construcción.
Son responsabilidades que acompañan el trabajo cotidiano de una Secretaría cuya actividad tiene consecuencias directas en la vida de las personas.

El valor de una obra está en las personas
En ocasiones, los resultados de la administración pública parecen reducirse a números difíciles de dimensionar. Sin embargo, detrás de cada inversión existe una necesidad concreta y una oportunidad para mejorar las condiciones de vida de la población.
Una calle rehabilitada puede facilitar el camino de un estudiante; una obra hidráulica puede ayudar a reducir riesgos durante las lluvias, y un acceso rural puede mantener conectada a una familia con los servicios que necesita.
Los resultados presentados por Alejandro Sánchez García permiten mirar la infraestructura desde esa perspectiva: como una actividad pública cuyo propósito debe reflejarse en la vida cotidiana de las personas.
La responsabilidad al frente de la SIPDUS comprende tanto las obras realizadas como el seguimiento de aquellas que aún requieren atención. En ese sentido, la sensibilidad en el servicio público no se demuestra únicamente con palabras, sino también en la capacidad de reconocer necesidades, convertirlas en proyectos y sostener los esfuerzos para atenderlas.
Porque detrás de cada camino, de cada vivienda y de cada obra hidráulica hay algo que merece ocupar el centro de la conversación: las personas para quienes esa infraestructura puede representar una vida más segura, más digna y con mayores oportunidades.





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