No solo es tomar un café en un espacio lindo, instagrameable o popular. En México, existen lugares que, además de su estética, ofrecen a los visitantes experiencias que van mucho más allá de los sabores, sino que albergan historias que vuelven la visita una experiencia completa.
Café Tacuba
Hay lugares que parecen detener el tiempo, y Café Tacuba es uno de ellos. Ubicado en una antigua casona del Centro Histórico, entrar a este restaurante es encontrarse con una parte de la historia de la Ciudad de México mientras las charolas con café lechero y pan dulce recorren el salón.
Desde 1912, este espacio se ha convertido en uno de los clásicos de la capital. Sus interiores, las pinturas y la arquitectura del inmueble forman parte de una experiencia que va más allá de sentarse a comer. Aquí, la gastronomía se mezcla con la historia y con esa sensación de estar recorriendo una ciudad que conserva parte de su esencia entre sus calles y edificios.

Churrería El Moro
Pocas cosas son tan sencillas y, al mismo tiempo, tan ligadas a la memoria de la Ciudad de México como un churro recién hecho. El Moro comenzó en 1935 con un pequeño carrito en el Zócalo y, con el paso de las décadas, se convirtió en uno de los establecimientos más reconocidos de la capital.
Sus mesas también han sido punto de encuentro para distintas generaciones y personalidades de la cultura mexicana. Entre quienes pasaron por este lugar estuvieron Carlos Fuentes y Octavio Paz.
Visitar el establecimiento original tiene un significado especial, pues conecta una taza de chocolate churros, con una tradición que ha acompañado a la ciudad durante casi un siglo.

Sanborns La Casa de los Azulejos
Hay restaurantes en los que la comida termina siendo solo una parte de la experiencia. La Casa de los Azulejos es uno de ellos. Esta sucursal de Sanborns se encuentra en una construcción del siglo XVIII cuya fachada cubierta de azulejos, y se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles del Centro Histórico.
En su interior, el patio, las escaleras, los detalles de inspiración virreinal y la obra Omnisciencia de José Clemente Orozco hacen que tomar un café o sentarse a comer también sea una oportunidad para recorrer uno de los edificios históricos de la ciudad.

La Ópera
El restaurante abrió sus puertas en 1876 y desde entonces sus mesas han recibido a personajes de distintas etapas de la vida política, cultural y social de México, como Porfirio Díaz, Francisco Villa, Miguel Alemán y Adolfo López Mateos. Con los años, el lugar también se convirtió en punto de encuentro para figuras de la literatura, el periodismo y la cultura, como Carlos Monsiváis, Gabriel García Márquez y Jacobo Zabludovsky.
Su menú de especialidades nacionales e internacionales como platillos pulpo a la gallega y los caracoles en salsa de chipotle han sido testigo de diferentes momentos de la historia mexicana.

Cuando comer también es conocer una historia
Quizá el valor de estos lugares está precisamente en que la experiencia no termina cuando llega la cuenta. Una comida puede convertirse en una visita arquitectónica, un café en una conversación sobre literatura o un churro en el pretexto para recorrer una parte de la ciudad.
Algunos de los lugares más especiales son aquellos que de alguna manera, nos acercar a la belleza del pasado, que han logrado permanecer, adaptarse al paso del tiempo y convertirse en parte de las historias de quienes los visitan.


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