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Bienestar
30/4/2026

Volver a ser niño: los pequeños placeres que olvidamos al crecer

Reconectar con lo simple también es una forma de bienestar.

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Bienestar
30/4/2026

Volver a ser niño: los pequeños placeres que olvidamos al crecer

Reconectar con lo simple también es una forma de bienestar.

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En algún punto del camino, crecer dejó de ser una promesa emocionante y se convirtió en una rutina. Las responsabilidades ocuparon el lugar del juego, la prisa reemplazó la curiosidad y lo “importante” terminó por desplazar aquello que, sin darnos cuenta, nos hacía sentir más vivos. Hoy, en el Día del Niño, la pregunta no es solo cómo celebrar a los más pequeños, sino qué tanto de ellos sigue habitando en nosotros.

Ser niño no era únicamente una cuestión de edad, sino de perspectiva. Era encontrar fascinación en lo cotidiano: observar el cielo durante minutos sin sentir culpa, reír sin motivo aparente, ensuciarse las manos al crear algo sin pensar si era “útil” o “productivo”. Era, en esencia, vivir sin la constante presión de justificar cada instante.

Con el paso del tiempo, esos pequeños placeres fueron quedando relegados. Comer un helado dejó de ser un plan y se convirtió en un antojo que “no toca”. Dibujar, pintar o escribir por gusto se cambió por tareas con objetivos claros. Incluso descansar empezó a sentirse como una pausa que hay que ganarse, no como un derecho natural. Sin darnos cuenta, contruimos una versión de la vida donde el disfrute necesita permiso.

Pero hay algo curioso: esos placeres no desaparecen, solo se esconden. Siguen ahí, esperan ser retomados en los momentos más inesperados. Están en volver a escuchar una canción que nos hacía felices sin razón, en caminar sin rumbo fijo, en observar un detalle que normalmente pasaría desapercibido. Están en permitirnos hacer algo solo porque sí.

Volver a ser niño no significa ignorar las responsabilidades ni romantizar el pasado. Significa recuperar esa capacidad de asombro que muchas veces sacrificamos en nombre de la adultez. Es recordar que no todo tiene que tener un propósito inmediato, que también existe valor en lo simple, en lo espontáneo, en lo que no busca ser perfecto.

Tal vez hoy sea un buen pretexto para hacer una pausa distinta. No para desconectarnos del mundo, sino para reconectar con una parte de nosotros que sigue ahí, intacta. Comer algo que nos guste sin pensar en las calorías, sentarnos en el suelo, mirar alrededor con curiosidad o simplemente reírnos sin explicación.

Porque, al final, crecer no debería significar dejar de disfrutar. Y quizás, en medio de todo lo que implica ser adulto, volver a ser niño —aunque sea por un momento— es uno de los lujos más necesarios que podemos darnos.

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