¿Alguna vez has sentido que tu celular comienza a fallar justo cuando sale un modelo nuevo? ¿O que reparar un electrodoméstico resulta casi tan costoso como comprar otro? Aunque no siempre se trata de una estrategia intencional, estas situaciones nos llevan a hablar de un concepto cada vez más presente en las conversaciones sobre consumo: la obsolescencia programada.

Se trata de una práctica mediante la cual un producto se diseña o fabrica para tener una vida útil limitada, de manera que después de cierto tiempo deje de funcionar, pierda utilidad o resulte menos conveniente repararlo. El objetivo comercial detrás de esta estrategia es incentivar que las personas sustituyan sus productos por otros nuevos y, con ello, mantener el consumo.
¿Cómo funciona y dónde la encontramos?
La obsolescencia programada puede manifestarse de diferentes maneras. Una de ellas ocurre cuando un componente tiene una duración limitada o resulta difícil de reemplazar; otra, cuando las actualizaciones de software dejan de ser compatibles con dispositivos anteriores, aunque todavía funcionen físicamente.

También existe la obsolescencia percibida, que aparece cuando un producto sigue siendo útil, pero las tendencias, la publicidad o el lanzamiento constante de nuevos modelos nos hacen sentir que ya está pasado de moda.
Tres tips para evitar caer en ella
Aunque no podemos controlar las decisiones de fabricación de las empresas, sí podemos modificar algunos hábitos para aprovechar mejor nuestras compras y reducir el reemplazo innecesario de objetos.

1. Investiga antes de comprar.
No te guíes únicamente por la apariencia, la marca o las novedades. Antes de adquirir un celular, una computadora o un electrodoméstico, revisa cuánto tiempo tendrá actualizaciones, si existen refacciones disponibles, qué tan sencillo es repararlo y cuál es su garantía. Elegir productos duraderos puede representar una mejor inversión a largo plazo.
2. Repara antes de reemplazar.
Cuando un dispositivo comienza a fallar, no asumas que la única solución es comprar uno nuevo. Consulta si es posible cambiar la batería, reparar una pieza o actualizar algún componente. En ocasiones, una reparación sencilla puede prolongar varios años la vida de un producto. También es importante acudir a servicios técnicos confiables y comparar costos antes de tomar una decisión.
3. Cuida y da mantenimiento a lo que tienes.
Limpiar los equipos, evitar golpes, protegerlos de la humedad y seguir las recomendaciones de uso puede ayudar a conservarlos en mejores condiciones. En el caso de los dispositivos electrónicos, mantener actualizado el sistema, utilizar cargadores adecuados y cuidar la batería son acciones que contribuyen a prolongar su funcionamiento.

Consumir mejor también es una decisión
Alargar la vida de nuestros productos no solo representa un ahorro para el bolsillo: también ayuda a reducir los residuos electrónicos y el impacto ambiental asociado con la fabricación y el desecho de nuevos artículos.
Porque, antes de cambiar algo por un modelo más reciente, quizá vale la pena preguntarnos: ¿realmente dejó de funcionar o simplemente nos hicieron creer que ya no es suficiente?


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