Hay momentos en los que mirar al cielo parece suficiente para detener por unos minutos lo que estamos haciendo. Una Luna llena que cambia de color es uno de ellos. Aunque durante siglos este fenómeno despertó todo tipo de historias, creencias y explicaciones, detrás de la llamada “Luna de sangre” existe un fenómeno astronómico que tiene que ver con la posición de la Tierra, el Sol y la Luna.

¿Qué es realmente una Luna de sangre?
El nombre puede sonar mucho más misterioso de lo que realmente es. Una Luna de sangre es el nombre popular que recibe la Luna cuando adquiere un tono rojizo durante un eclipse lunar total.
Este fenómeno ocurre cuando la Tierra se coloca entre el Sol y la Luna, de manera que nuestro planeta bloquea directamente la luz solar que normalmente ilumina la superficie lunar. Para que esto suceda, la Luna debe encontrarse en fase llena y los tres cuerpos celestes deben alcanzar una alineación determinada.
Durante el eclipse, la Luna atraviesa la sombra de la Tierra. Primero pasa por la penumbra, donde el oscurecimiento puede ser difícil de notar; después entra en la umbra, la parte más oscura de la sombra terrestre. Cuando queda completamente dentro de ella comienza la fase de totalidad, que es cuando aparece ese característico color rojo cobrizo.

Entonces, ¿por qué se vuelve roja?
La Tierra bloquea gran parte de la luz del Sol, pero nuestra atmósfera todavía permite que una pequeña parte llegue hasta la superficie lunar. Al atravesarla, la luz azul se dispersa con mayor facilidad, mientras que los tonos rojos y anaranjados consiguen recorrer una trayectoria más directa.
Es el mismo principio que podemos observar en los amaneceres y atardeceres, cuando el cielo adquiere tonos naranjas, rosas y rojizos.
Durante un eclipse lunar total, esa luz filtrada por la atmósfera alcanza la Luna y se refleja hacia nosotros. Por eso, en lugar de desaparecer por completo, el satélite puede adquirir una tonalidad que va desde el naranja hasta un rojo bastante intenso.
Incluso la intensidad del color puede cambiar. La cantidad de polvo, humo o partículas presentes en la atmósfera terrestre puede influir en la apariencia de la Luna durante el eclipse.

No todas las lunas rojas son iguales
Algo importante es que “Luna de sangre” no es un término científico oficial, sino una forma popular de describir este aspecto de la Luna durante un eclipse total.
Además, no todos los eclipses lunares producen una Luna completamente roja. En un eclipse parcial, solo una parte del satélite entra en la umbra y el efecto puede ser diferente. También existen eclipses penumbrales, en los que el cambio de brillo es mucho más sutil.
Y aunque el nombre pueda parecer intimidante, observar una Luna de sangre no representa un riesgo para la vista. A diferencia de un eclipse solar, no es necesario utilizar protección especial para mirar un eclipse lunar.

Un espectáculo que ocurre desde nuestra propia atmósfera
Quizá lo más curioso de una Luna de sangre es que, aunque el fenómeno ocurre a millones de kilómetros de distancia, su color depende en buena medida de lo que sucede mucho más cerca de nosotros.
La Luna no cambia realmente de color. Somos nosotros quienes la vemos diferente porque la atmósfera de la Tierra filtra la luz que consigue llegar hasta ella.
Por unos minutos, nuestro planeta se convierte en una especie de filtro natural y proyecta sobre la superficie lunar los tonos de todos esos amaneceres y atardeceres que ocurren al mismo tiempo en distintas partes del mundo.
Y quizá ahí está parte de la magia de mirar una Luna de sangre: detrás de un cielo que parece sacado de una película existe un fenómeno perfectamente explicado por la ciencia, pero que no pierde por eso su capacidad de sorprendernos.


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