Zagazine ...
Acción
25/8/2026

La economía de las experiencias: por qué hoy preferimos invertir en viajes, conciertos y gastronomía antes que en bienes materiales

Viajes, conciertos, festivales, restaurantes y hasta pequeños momentos de descanso se han convertido en una nueva forma de entender el lujo y la manera en la que gastamos nuestro dinero.

arrow_downward
Acción
25/8/2026

La economía de las experiencias: por qué hoy preferimos invertir en viajes, conciertos y gastronomía antes que en bienes materiales

Viajes, conciertos, festivales, restaurantes y hasta pequeños momentos de descanso se han convertido en una nueva forma de entender el lujo y la manera en la que gastamos nuestro dinero.

Compartir

Para entender cómo funciona la economía de las experiencias, tendríamos primero que entender qué es. Se trata de un cambio en el mercado en el que las personas, sobre todo los jóvenes, destinan parte de su dinero a momentos y emociones, en lugar de concentrar su consumo únicamente en ropa, autos o aparatos electrónicos.

Aunque por años el símbolo de “riqueza” estuvo relacionado con los bienes materiales, hoy podemos ver a las personas invirtiendo en experiencias como conciertos, comodidades, viajes o simplemente momentos que les permitan salir de la rutina.

Por un lado, la ostentosidad de lo material ha quedado de lado en redes sociales. Hoy podemos encontrar feeds e stories en donde las personas muestran los lugares que visitan, sus experiencias y, sobre todo, uno de los lujos que actualmente ha encontrado mayor reconocimiento: disfrutar el tiempo.

Salir de la rutina, conocer un nuevo lugar o, mejor aún, tener la posibilidad de no tener una y poder hacer de tu tiempo lo que más desees, comienza a convertirse en una forma de entender el lujo, sin importar cuánto cueste el objeto que se queda en casa.

¿Por qué preferimos vivir momentos?

Habría que preguntarse por qué cada vez buscamos más invertir en momentos. En primer lugar, si consideramos que todo lo material tiene un tiempo de caducidad, valorizamos más aquello que nos brinda una sensación que permanece. Los objetos pueden perder su novedad rápidamente, mientras que los recuerdos de un viaje, un concierto o una cena especial pueden adquirir un nuevo significado con el paso del tiempo.

Además, muchas de estas experiencias son compartidas, por lo que apostar por momentos distintos también genera una conexión social. Salir a cenar, asistir a un festival de música, viajar con amigos o descubrir un nuevo lugar nos permite crear recuerdos en compañía. Compartir estas vivencias puede convertirse en una forma de fortalecer los vínculos y generar historias que permanecen mucho después de que termina la experiencia.

Pero también está la posibilidad de elegir en qué invertir nuestro tiempo, dinero y con quién compartirlo, algo que influye directamente en la construcción de nuestra identidad. Hoy nos define lo que conocemos, sentimos y hacemos. Las historias que construimos a través de nuestras experiencias forman parte de la manera en la que nos presentamos ante los demás y, también, de cómo nos entendemos a nosotros mismos.

El nuevo lujo también es tener tiempo

Esta transformación también puede observarse en la manera en la que entendemos el lujo. Durante mucho tiempo, tener más significaba acumular más: una casa, un automóvil, ropa de determinadas marcas o los últimos dispositivos tecnológicos. Hoy, para algunas generaciones, el concepto comienza a relacionarse con algo menos tangible: tener tiempo para disfrutar aquello que nos gusta.

Un fin de semana fuera de la ciudad, una tarde en un restaurante, el boleto para ver a nuestro artista favorito o incluso una escapada improvisada pueden representar un gasto que, aunque no deja un objeto físico, sí deja algo que puede permanecer mucho más tiempo: una historia.

Esto no significa que los bienes materiales hayan dejado de tener importancia, sino que nuestras prioridades de consumo también están cambiando. En una época en la que compartir experiencias se ha convertido en parte de nuestra vida cotidiana, aquello que vivimos comienza a tener tanto valor como aquello que podemos comprar.

Quizá por eso, más que preguntarnos qué queremos tener, la economía de las experiencias nos invita a pensar qué queremos vivir. Porque al final, un objeto puede ocupar un espacio en nuestra casa, pero una experiencia puede terminar ocupando un lugar en nuestra memoria.

Compartir