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¿Qué ver y qué escuchar?
9/10/2026

La Catrina: de una caricatura crítica a uno de los símbolos de México

Creada por José Guadalupe Posada y popularizada por Diego Rivera, esta figura pasó de cuestionar las apariencias sociales a convertirse en un referente del Día de Muertos, presente en el arte, la moda y la cultura popular.

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La Catrina: de una caricatura crítica a uno de los símbolos de México

Creada por José Guadalupe Posada y popularizada por Diego Rivera, esta figura pasó de cuestionar las apariencias sociales a convertirse en un referente del Día de Muertos, presente en el arte, la moda y la cultura popular.

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Un sombrero elegante, un rostro convertido en calavera y una figura que parece observar a la sociedad desde el otro lado de la vida. La Catrina es una de las imágenes más reconocibles de México, especialmente durante las celebraciones de Día de Muertos. Sin embargo, antes de convertirse en protagonista de altares, desfiles, maquillajes y colecciones de moda, nació como una ilustración con un mensaje crítico.

Su historia se remonta al trabajo del grabador José Guadalupe Posada, quien utilizó la imagen de una calavera para cuestionar las aspiraciones sociales de su época. Décadas después, el muralista Diego Rivera retomó el personaje, le dio el nombre con el que hoy se conoce y contribuyó a convertirlo en un referente de la identidad cultural mexicana.

"La Calavera Garbancera" de José Guadalupe Posada.

El origen de La Catrina: una crítica detrás de la calavera

A finales del siglo XIX y principios del XX, el grabador e ilustrador José Guadalupe Posada desarrolló una extensa obra gráfica en la que la muerte aparecía como protagonista. A través de calaveras, caricaturas y escenas cotidianas, el artista retrataba las contradicciones de la sociedad mexicana con ironía y sentido crítico.

Entre sus creaciones destacó la Calavera Garbancera, una figura femenina con el rostro descarnado y un sombrero adornado, pero sin la vestimenta elegante que posteriormente caracterizaría a La Catrina.

La imagen hacía referencia a las personas que renegaban de sus raíces indígenas y buscaban aparentar una posición social o una identidad europea. El término garbancera aludía a quienes vendían garbanzos y pretendían distanciarse de sus orígenes.

La calavera funcionaba como una crítica a las apariencias y a la aspiración de pertenecer a una clase social distinta. Al representar a una persona sin carne ni rasgos que la distinguieran por su posición económica, Posada recordaba que las diferencias sociales perdían sentido ante la muerte.

Aunque hoy su creación es reconocida internacionalmente, Posada no alcanzó durante su vida la misma fama que tendría después. Su obra circuló mediante publicaciones impresas y hojas populares, un medio que le permitió llevar sus imágenes a distintos sectores de la población.

Diego Rivera le dio nombre y una nueva imagen

La transformación definitiva del personaje llegó en 1947, cuando Diego Rivera realizó el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. En esta obra, el pintor reunió a personajes históricos, figuras culturales y escenas que representan distintos momentos de la historia de México.

En el centro de la composición aparece la calavera de Posada, ahora vestida con un atuendo elegante y acompañada de otros personajes. Rivera la llamó La Catrina, palabra asociada con una persona elegante y bien vestida.

El mural también establece un vínculo simbólico entre los dos artistas: La Catrina toma de la mano a un Diego Rivera representado como niño y aparece del brazo de José Guadalupe Posada. De esta manera, el muralista reconoce la autoría del grabador y rinde homenaje a su legado.

La obra se convirtió en una referencia fundamental para la imagen que conocemos actualmente. Si Posada creó la figura como una crítica social, Rivera contribuyó a consolidar su apariencia y a darle un lugar destacado dentro del imaginario artístico mexicano.

El mural, que originalmente se realizó para el Hotel del Prado en la Ciudad de México, hoy se encuentra en el Museo Mural Diego Rivera, donde puede apreciarse como parte de una composición que reúne más de cuatro siglos de historia nacional.

¿Cómo se convirtió en un símbolo del Día de Muertos?

Aunque La Catrina no nació como un personaje exclusivo de Día de Muertos, su representación de la muerte y su arraigo en el arte mexicano facilitaron su incorporación a las celebraciones populares.

Su imagen reúne dos elementos que mantienen una relación constante en la cultura mexicana: la muerte y la vida cotidiana. Lejos de representarla únicamente como una figura aterradora, su apariencia elegante y su expresión neutral permiten acercarse a ella desde el humor, la sátira y la reflexión.

Con el paso del tiempo, La Catrina comenzó a aparecer en ilustraciones, esculturas, artesanías, ofrendas y representaciones festivas. Su rostro también se convirtió en una de las inspiraciones más frecuentes para el maquillaje de Día de Muertos, con diseños que combinan calaveras, flores, colores y detalles ornamentales.

Su popularidad no significa que represente por sí sola toda la diversidad de las tradiciones mexicanas. Día de Muertos reúne prácticas distintas según la región y la comunidad; sin embargo, La Catrina se ha consolidado como una imagen ampliamente reconocida dentro y fuera del país.

De los grabados a las pasarelas y el maquillaje

La permanencia de La Catrina también puede observarse en su capacidad para adaptarse a distintos lenguajes visuales. La imagen original en blanco y negro ha inspirado reinterpretaciones que incorporan flores, encajes, pedrería, vestidos elaborados y una amplia gama de colores.

En la moda, sus elementos aparecen en prendas y accesorios diseñados para las celebraciones de octubre y noviembre. Los sombreros amplios, las siluetas elegantes, los bordados florales y los motivos de calaveras se utilizan como referencias estéticas que conectan la indumentaria contemporánea con el imaginario de Día de Muertos.

En el maquillaje, la llamada Catrina se ha convertido en una propuesta recurrente: el rostro se pinta de blanco, se delinean los ojos y se incorporan detalles que recuerdan los huesos, acompañados de flores y otros ornamentos. Cada interpretación modifica el diseño original y demuestra cómo una imagen puede adquirir nuevos significados según quién la recrea.

La figura también ha encontrado un lugar en la ilustración contemporánea, la escultura, el diseño gráfico y los productos de colección. En estos ámbitos, puede aparecer como homenaje a la tradición artística mexicana, como recurso comercial o como punto de partida para explorar temas relacionados con la identidad, la muerte y la memoria.

Su presencia en productos culturales y de consumo demuestra que La Catrina dejó de pertenecer únicamente al grabado y al muralismo para formar parte de un lenguaje visual compartido por distintas generaciones.

Una imagen que sigue contando historias

La Catrina ha sobrevivido a su contexto original porque su significado no permanece fijo. En la obra de Posada fue una crítica a las apariencias sociales; con Rivera adquirió una presencia monumental y quedó vinculada a una narración visual de la historia mexicana. En la actualidad, su imagen convive con las tradiciones populares, el arte contemporáneo y las industrias creativas.

Esa evolución también invita a mirar más allá de su apariencia. Detrás del maquillaje, los vestidos y las representaciones festivas existe una historia sobre la desigualdad, las aspiraciones sociales y la manera en que el arte puede cuestionar las ideas de una época.

La Catrina no es únicamente una calavera elegante: es el resultado de una historia artística que comenzó con una crítica social y terminó por convertirla en un símbolo cultural. Su permanencia demuestra cómo una ilustración puede trascender su momento de creación y adquirir nuevos sentidos sin perder por completo la huella de quienes la imaginaron.

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